miércoles, 25 de abril de 2012

CIENCIA Y FE


La Agrupación Universitaria Riva Agüero presenta al Ingeniero Mario Cedrón Lassus como parte de su Consejo Consultivo.

El Ing. Cedrón es Ingeniero de Minas graduado con honores en la Universidad de Gales (College of Cardiff) en Gran Bretaña. Ha realizado estudios de postgrado en la Escuela Superior de Administración de Negocios ESAN de Perú, en el Programa de Alta Dirección de la Universidad de Piura en Perú, en el Instituto Sueco de Gerencia y en la Maestría en Gestión y Política de la Innovación y la Tecnología en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
Actualmente, entre algunas de sus actividades, se desempeña como Profesor Principal en la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la PUCP en el área de Ingeniería de Minas, de la cual ha sido su director, desde hace 35 años; también, es Profesor Asociado de la Escuela Académico Profesional de Ingeniería de Minas de la UNMSM y como Director de Promoción y Desarrollo del Centro Tecnológico Minero. Asimismo, ha sido reconocido con el Premio Santa Bárbara a la Investigación y Educación en Minería.

Compartimos la ponencia que el Ing. Cedrón diera en el evento ‘La luz en las tinieblas’, organizado por la Agrupación y llevado a cabo en el Auditorio de Ciencias e Ingeniería.

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CIENCIA Y FE
Cuando ingresé a la PUCP el año 1969, el rector era el Padre Felipe Mac Gregor, nombrado para tal cargo por el Cardenal Juan Landázuri Ricketts, Arzobispo de Lima. De la misma manera, habían sido nombrados por la autoridad eclesiástica los anteriores rectores de nuestra universidad durante el medio siglo de existencia que tenía la PUCP en ese entonces. A su vez, la Pontificia Universidad Católica del Perú, como bien señala Jeffrey Klaiber, sacerdote jesuita y profesor de nuestra casa de estudios, en la página 470 de su obra “La Iglesia en el Perú”, publicada en 1988 por el Fondo Editorial de la PUCP, era considerada una universidad de la Iglesia. ¿Qué cambió? Pues la ley universitaria promulgada por el gobierno de facto del General Velazco Alvarado, que creó la figura de la Asamblea Universitaria y le encargó la elección del rector. Sin embargo, esa misma ley autorizaba a la PUCP, si lo tenía a bien, seguir rigiéndose por su estatuto vigente, el último reconocido y aprobado por el Vaticano. De manera inconsulta con la jerarquía eclesiástica, las autoridades universitarias de ese entonces decidieron optar por la figura de la Asamblea Universitaria. Esa es la raíz del diferendo actual con el Vaticano que reivindica hoy sus derechos.

Por otro lado, el decano de la facultad de Ingeniería entre 1957 y 1968 fue el Ingeniero Ricardo Rey Polis, miembro del Opus Dei, padre del Ing. Rafael Rey, prominente numerario de dicha prelatura y ex alumno de esta casa de estudios. El año pasado, en este mismo auditorio, rendimos un homenaje al Ing. Ricardo Rey. Una placa de bronce ubicada en el ingreso a las oficinas de la FACI nos recuerda su grato paso por nuestra facultad y lo mucho que él hizo por ella. Varios de nuestros profesores actuales de Ingeniería Civil, incluido nuestro past rector, el Ing. Luis Guzmán Barrón, fueron sus discípulos. Ellos pueden atestiguar que Ricardo Rey Polis fue una persona que respetó la libertad de pensamiento y la pluralidad, además de que estuvo muy lejos de ser una figura autoritaria en el gobierno de la facultad. Entonces, ¿de dónde proviene el temor? ¿De dónde aparecen las acusaciones a grupos como AURA de ser de corte fascista o de pretender imponer un modelo retrógrado de universidad? ¿De dónde procede la afirmación de que el Opus Dei pretende apoderarse de la PUCP?

Quienes conocen el Opus Dei saben que esta es una prelatura personal de la Iglesia Católica, cuya finalidad es proporcionar dirección espiritual a sus miembros y cooperadores en la búsqueda de la santidad en medio del mundo. No tiene fines políticos ni económicos. Yo soy ex alumno del PAD de la Universidad de Piura -obra corporativa del Opus Dei-, donde estudié con compañeros solteros, casados, viudos, divorciados y hasta convivientes, personas de diversas religiones e ideologías. Mis hijas han estudiado en Colombia y Perú, en colegios promovidos por el Opus Dei, pero no pertenecen a esta porque no tienen la vocación a ella, y nunca hubo coerción en sus centros de estudio para que se afiliaran. Entonces, es un absurdo afirmar que, como el Cardenal pertenece al Opus Dei, esta intenta apoderarse de la universidad e imponer un modelo.

El Gran Canciller de la universidad tiene la potestad de nombrar al Capellán y a los profesores del Departamento de Teología. En ningún caso ha nombrado a integrantes del Opus Dei, quienes ya tienen una universidad a su cargo en el Perú: la Universidad de Piura. Yo puedo asegurarles que no hay por parte del Opus Dei ninguna intención de injerencia en los asuntos de la PUCP.

Felicito a AURA por la iniciativa de organizar este evento. Yo pertenezco a la generación del Concilio Vaticano II, ese magno evento que con aciertos y errores permitió a la Iglesia dar el gran salto del siglo XIX al siglo XX. Mis ex alumnos egresados en los 80 y 90 pertenecen a la generación formada durante el pontificado de Juan Pablo II, el Papa Grande, el Papa Viajero, quien facilitó la caída del marxismo en la Europa oriental y fue el promotor de grandes cambios, a la vez que promulgó la constitución Ex Corde Ecclessiae, por la que se rigen las universidades católicas. Esta generación, la de los integrantes de AURA, pertenece al siglo XXI, al que ya se viene denominando la “Generación Benedicto”. Son jóvenes entusiasmados por el modo franco y libre de ideologías con que el Papa Benedicto XVI trata las cuestiones de nuestro tiempo, como acaba de hacer en Cuba. Son jóvenes que buscan intercambiar experiencias con personas de su edad, sea en grandes eventos como las Jornadas Mundiales de la Juventud que fundara Juan Pablo II y que se realizan cada 2 años, sea en sus universidades. Son jóvenes que buscan la verdad de modo comprensible, asequible, práctico y público. Son jóvenes adultos que orientan sus vidas por la fe católica en toda su amplitud, y que están dispuestos a confesar su fe y las convicciones que de ella deriven para la vida diaria, también en la opinión pública.

Los jóvenes de AURA se encuentran como todos los chicos de su edad, a la búsqueda de respuestas a las preguntas que plantea la vida social y personal. Se niegan a seguir paradigmas que vengan de autoridades que no acompañen sus argumentos con sustento. Desean comprender mejor sus opiniones y debatirlas con otros.

En este contexto, el Papa representa una autoridad significativa, por lo que es el primer punto de referencia. AURA no se considera un círculo cerrado: al dirigirse a las circunstancias de la vida corriente y a las preguntas de muchos jóvenes, desea llegar también a todos aquellos que hasta ahora en su búsqueda de respuestas no han querido enfrentarse a las respuestas del Papa y de la Iglesia.

La crisis que vivimos es una crisis de renuncia a la verdad basada en el relativismo y la permisividad. Esa renuncia a buscar lo que es verdadero o falso hace que el hombre enferme en sus raíces intelectuales. Ese desertar puede tomar muchas formas: nace no solo de la indiferencia, sino también de la falta de libertad a expresarse por temor a las represalias. La verdad es lo que nos hace libres, por ello la buscamos constantemente.

¿Cómo puede ser esa búsqueda? Lo que vives en la universidad, lo experimentan también muchos católicos en su vida profesional así como en su día a día, cuando abren el periódico o encienden la radio o la TV. Sin pensamiento crítico, los hombres quedan frecuentemente a merced de afirmaciones arbitrarias o sospechosas de servir a intereses particulares. La razón puede ser que, por ejemplo, en la universidad no se pregunte ya por la esencia de las cosas, sino que solo se vean los fenómenos sin cuestionar de dónde proceden,  por qué se dan y qué sentido tienen. Los que creemos en Cristo tenemos otra perspectiva.

Frente a la intolerancia, la postura correcta es la caridad. La negación de hechos evidentes es un problema de negarse a la verdad. Es importante que conozcamos bien nuestra fe. A ello ayuda el Compendio del Catecismo que utilizamos en nuestro curso de Ética, también la Doctrina Social de la Iglesia. El estudio de estos textos nos pone en condiciones de irradiar el espíritu de Cristo en este mundo. Nada hay que obstaculice más la unidad de vida que separar la fe de los conocimientos y convicciones que hemos obtenido en nuestra formación católica en una universidad que se rige por dichos valores. No podemos ser personas devotas cuando con nuestros amigos asumimos una postura y en otros entornos contraemos una posición neutral. Que deseemos transmitir la fe a otras personas es consecuencia de nuestra unidad de vida, de comunión - unión común- con el Santo Padre: “De la abundancia del corazón habla la boca”. La dimensión apostólica no puede faltar en una vida auténticamente católica. Vosotros, jóvenes de AURA, habéis de ser los apóstoles de la juventud.

No quisiera terminar sin decirles que una vida católica también despierta contradicciones. En una cultura en la que el relativismo ha entrado prácticamente en todos los ámbitos de la vida, quien afirma conocer la verdad choca. Tengan buen ánimo aunque a veces sientan la cruz de la contradicción. El Señor los ha precedido y siempre estará cerca de ustedes. De eso podemos estar seguros.

Finalmente, los organizadores me pidieron que responda la pregunta de cómo, desde mi posición como profesor de ingeniería, pueden la ciencia y la fe complementarse. Podríamos debatir horas sobre el tema pero, si hay que sintetizar, diría que estoy totalmente convencido de que la Teología y la Ciencia son totalmente compatibles, pues se refieren a aspectos diferentes y complementarios del misterio de la creación de la materia y la vida: la Teología nos revela la causa, mientras que la ciencia nos describe el cómo. Basar la realidad del universo, la vida y nuestra presencia en el mundo solo en lo que es capaz de descubrir la ciencia es renunciar a la fuerza de la razón. Pensar que, por ser capaces de comprender un fenómeno o una propiedad de la materia o de la vida, ya estamos en condiciones de comprender y dominar todo es una idea reduccionista y fatua, ajena al proceder de los grandes científicos. Proclamar que la ciencia es imparable y que todo vale en investigación sin atenernos a las consecuencias de sus aplicaciones, es irresponsable. Olvidar que en todo ser humano existe una gran interrogante sobre el sentido de su propia existencia es limitar su actividad vital al escaso marco de lo inmediato. Decir que el conocimiento lógico, ético y religioso es irracional ya que depende más del sentimiento que la razón es absurdo. Somos seres racionales, pero también éticos y religiosos.

Termino rogando al Altísimo que nuestras autoridades universitarias encuentren el camino que permita a la PUCP seguir fiel a la Iglesia y al Santo Padre en plena comunión con ambos y, a través de ellos, unida a Cristo, como fue el deseo de nuestros fundadores y nuestro gran benefactor Don José de la Riva Agüero y Osma. El anuncio de la suspensión de la asamblea universitaria del 2 de abril y el pedido de prórroga al Vaticano de la fecha límite para dar una respuesta a su requerimiento parecen indicar que vamos por buen camino.

Muchas gracias y que Dios los bendiga.

MARIO CEDRON                                                                            
Profesor Principal – PUCP                                         


2 comentarios:

  1. ¡Ojala las aguas vuelvan a su cauce! La PUCP goza de una muy merecida reputación, que se está viendo empañada por ideales espúreos, que empañan a lo que fue todo el proceso fundacional y la trayectoria de buen hacer, a lo largo de tantos años, de esta bien acreditada casa de estudios.

    Rafael Fernández Rubio
    Catedrático Emérito de la Universidad Politécnica de Madrid.

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